Charca Suárez, el pequeño pero gran humedal que nunca defrauda

La Reserva Natural Concertada Charca Suárez es un lugar que no deja indiferente a nadie. Salvo lo conozcas previamente, cuando llegas y entras usando un acceso junto a bloques de pisos, tus expectativas no son altas. Pocos esperan que la entrada a una de las joyas naturales de Granada se realice de esta forma y pocos saben que cuando salgan su visión de los humedales costeros será diferente.

Así es como los participantes de ECODIAS iniciaron, el pasado 17 de febrero, una jornada en este pequeño-gran humedal de la costa de Granada. La mayoría se trasladaron en el bus facilitado por la organización, otros fueron, desde diferentes puntos de la provincia, en sus propios vehículos y allí nos unimos a una docena de voluntarios ambientales de la Charca Suarez que ejercieron de anfitriones.

Después de la bienvenida a todos los participantes estos se separaron en 3 grupos para realizar tres tareas diferentes. Pese a esa división todos tuvieron la oportunidad de participar en los diferentes trabajos.

Una de las tareas fue cortar cañas (Arundo donax), esta es una especie exótica invasora que lleva décadas expandiéndose por nuestros humedales. El caso de esta reserva no es diferente, y esta especie, orinaría de Asia y de crecimiento rápido, ocupa grandes extensiones de superficie. Su eliminación es compleja y por ahora con mantenerla bajo control podemos darnos por satisfechos. Además procesamos las plantas cortadas para lograr unos tutores magníficos para las reforestaciones. Precisamente en el próximo voluntariado de ECODIAS será el 10 marzo en el Parque de las Canteras (E.N. Sierra Nevada) utilizaremos algunas de estas cañas para colocar protectores en los ejemplares que plantaremos. Doble ventaja, eliminamos una planta exótica invasora y ayudamos a una reforestación en Sierra Nevada.

Otra de las tareas fue sembrar semillas pregerminadas de una especie que está en la lista de especies amenazadas de Andalucía (Categoría NT Casi Amenazada), se trata de la  «Azucena de mar» (Pancratium maritimum). Esta planta fue frecuente en las playas arenosas de la costa de Granada dando nombre incluso a una playa motrileña, la Playa de las Azucenas. La mayor amenaza que pone en peligro esta planta es la pérdida o alternación de su hábitat, las playas. Esto son espacios sometidos a una alta presión humana. Tenemos que ver las playas no solo como lugares de ocio o espacios con atractivo turístico, hay que mostrarlos como ecosistemas amenazados. Por cierto, sabemos de la belleza de las flores de las azucenas, pero arrancarlas pone en peligro recuperar la magia que supone tener unas playas floridas. Si solo queremos ver las playas bajo la perspectiva económica del turismo, disponer de playas floreadas y bien conservadas puede precisamente hacer más distintivas y singulares nuestras playas. Fueron centenares las semillas que plantamos en bandejas a la espera de que crezcan y sean plantadas en diversas playas.

Por último, realizamos una labor que puede ser menos atractiva pero que es fundamental. Esta reserva quiere ser un espacio abierto al público y pese a ser un lugar que quiere proteger y conservar su patrimonio natural se intenta fomenta un acercamiento y disfrute de la naturaleza. El espacio dispone de infraestructuras como senderos, observatorios, etc. para facilitar el contacto con la naturaleza sin que este suponga un impacto grande. Las labores de educación y sensibilización son primordiales como estrategia de la conservación del medio. Si se entiende esto se logrará tener la motivación suficiente para pintar los cientos de metros de valla que pintamos. Usamos una pintura ecológica que ayuda a que estas estructuras no se deterioren con el paso del tiempo. Hay que recordar además que alargar la vida útil de una infraestructura pública es velar por los escasos fondos de los que disponen los espacios naturales. Por otro lado, pintando vallas se logran conversaciones y contactos muy interesantes. Este es otro de los objetivos del día, tejer una red social directa y no digital, hacer amistad.

Por la tarde, tras el parón por la comida, hicimos una visita por la Charca con Pepe Larios (¿Para cuando un homenaje a esta increíble persona?). Un par de horas que se nos quedaron cortas y se pasaron volando. Esta reserva tiene mucho que contar. Un lugar mágico que creemos que ganó los corazones de los participantes. Los voluntarios aportaron unas valiosas horas de trabajo, pero nos arriesgamos a decir que creemos que se llevan algo más de lo que dejaron. Y recordar quien va a la Charca, vuelve, y esta nunca defrauda.

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