¿Dentro o fuera? Visita por los límites de Granada.

Pues depende, sería la respuesta más neutra ante una pregunta tan ambigua, para no pillarse los dedos. Entonces…cual es la pregunta más concreta, ¿Dónde nos encontramos, dentro o fuera de la ciudad? Pues depende, sigue siendo la respuesta.

No es que estemos en un capítulo de la mítica seria Barrio Sésamo, sino que en el paseo Cerro San Miguel-Albazyín realizado en ECODÍAS el pasado sábado 7 de marzo, uno de los objetivos principales era conocer e ir bordeando algunos de los sistemas de murallas de la ciudad de Granada. Y claro, como el mapa de esas murallas presenta algunas estructuras iniciales, por ejemplo, la primitiva muralla Zirí, dentro de otras más modernas, por ejemplo, la última muralla Nazarí, pues depende de nuestra ubicación y época histórica a la que queramos hacer referencia para poder contestar a una pregunta que más bien tendría que ser formulada como ¿Dónde nos encontramos, dentro o fuera de la ciudad, si estuviésemos en el año XXX? 

Y espero que, salvo despistes “orientativos”, al final de ese paseo a todo ese nutrido grupo de participantes le quedase más o menos claro como fue desarrollándose ese sistema defensivo conforme la ciudad crecía y la necesidad de protección obligaba a ir aumentando los límites amurallados de la ciudad, aunque eso implicase “comerse” cosas que originariamente estaban extramuros, por ejemplo, los cementerios.

En una mañana que se presentó nublada, pero en la que las aguas respetaron nuestro caminar, subimos tranquilamente hacia San Miguel Alto, vértice superior de la muralla Nazarí. Pero no por el camino fácil, sino serpenteando entre caminos y montes horadados de cuevas. Un camino mucho más hermoso, con vistas inigualables y que nos permite acercarnos una zona muy peculiar de Granada, símbolo de la llegada de unos habitantes (humanos pero también de flora, como la pita y la chumbera) que por distintos motivos llegaron aquí desde distintas procedencias y que por distintos motivos también acabaron aportando un poco a la idiosincrasia de este lugar, punto de encuentro y mestizaje. Creo que, tras el paseo, todos valoramos más el lugar y queremos que mantenga su esencia, una esencia libre de la ocupación de urbanizaciones ya presentes más allá de las murallas.

En una segunda parte, tras dejarnos caer por la Puerta de Fajalauza y el Arco de las pesas, ya nos centramos en recorrer los caminos más cercanos a la muralla Zirí, donde elementos patrimoniales como el Aljibe del Rey, el Arco de las Monjas, el Palacio de Daralhorra, la Puerta de Monaita o Puerto Elvira fueron los protagonistas.

Además de ese patrimonio tangible, la jornada estuvo salpicada de múltiples leyendas, algunas más picaronas, otras más sangrientas, pero que, como los anteriores, forman parte de la riqueza de nuestra cultura.

Ahora hay que salir a buscar esos muchos kilómetros de murallas que nos faltaron por recorrer, o volver a disfrutar de una manera más sosegada alguno de los rincones conocidos. Con suerte, una tarde, mientras se disfruta de una puesta de sol mágica en uno de los mejores miradores de Graná, a la vuelta, uno se ve atraído por una fuerza misteriosa, y acaba donde no esperaba acabar.

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