A lo largo de estos años, en Ecodías hemos visitado distintos espacios naturales protegidos, pero todavía no habíamos tenido la oportunidad de visitar una categoría especial de ellos, los Monumentos Naturales, hasta este pasado sábado 21 de marzo, donde los Tajos de Alhama fueron nuestro lugar de paseo.
Estos “pequeños espacios o elementos de la naturaleza constituidos básicamente por formaciones con notoria singularidad, rareza o belleza……” constituyen otro añadido más al rico patrimonio natural que atesora nuestra tierra, en el caso de los Tajos de Alhama, como elemento geológico de importancia.
Pero, además, como es nuestro caso, con los Monumentos Naturales también se pueden reconocer otros valores patrimoniales adicionales, como son los valores culturales o históricos de la zona. En los Tajos de Alhama, tan vinculados a este importante y bonito municipio del poniente granadino, separar ambos factores, el natural y el cultural/histórico, es algo complicado. Así que en nuestra visita fuimos alternando esa dualidad.
A nivel natural el factor más relevante lo compartieron, de nuevo, dos factores indisociables, la geología y el río, el uno sin el otro no se pueden entender. La acumulación de materiales de sedimentación a lo largo de millones de años que posteriormente fueron moldeados por el fluir de las aguas del río Alhama, o Marchal, nos regalan hoy unos tajos impresionantes, con puntos de más de 50 metros de caída, donde se pueden ver fósiles de distintos periodos y elementos geológicos singulares. No nos extraña que al caballero de la ermita de los Ángeles le diese tiempo a tener una charla con los dioses antes de estamparse en el fondo, ¡qué el salto tenía lo suyo!, aunque el pobre caballo no lo pudo contar.
El río Alhama es ejemplo perfecto de un río andaluz, ese ecosistema singular de carácter lineal que vive bajo la influencia de un agua que posibilita un bosque de galería, o ribera, que nos pilló sin el color ocre otoñal, cuando se programó el primer intento de visita, o verde vivo puramente primaveral, pero que permite de bosques caducifolios salpiquen nuestro paisaje y muchas especies animales se beneficien de sus recursos. ¡Qué bien lo hicieron nuestros paseantes en la dinámica que hicimos para crear ese potencial bosque completo!, que luego completamos con una muy buena canción que daba certeras pistas sobre el funcionamiento del mismo.
Y a nivel cultural, Alhama de Granada atesora muchos recursos. Desde su propio nombre, que ya nos habla de las aguas termales del entorno, pero también múltiples restos históricos de las distintas culturas que por estas tierras pasaron, muchos de los cuales pudimos conocer en la visita. Qué razón la de ese romance “¡Ay de mi Alhama!”, que muestra la tristeza del pueblo musulmán por la pérdida de este enclave. Hoy, si se perdiese Alhama como símbolo del patrimonio rural de nuestra tierra, otro romance tendríamos que escribir. Por cierto, que romance es como llaman en la zona a las pozas del río donde refrescarse en los veranos.
Pero, además, el río fue base para el desarrollo económico y el día a día de la dura vida de los pobladores del lugar. Decenas de molinos usaban sus aguas para moler el grano producido en las ondulantes montañas del entorno; los ricos llanos aluviales permitieron y permiten huertas de gran producción; los lavaderos nos hablan de “las fatigas” del trabajo y nos recuerdan las comodidades que muchas veces dejamos de apreciar, etc.
En resumen, una mañana completa de naturaleza y valores culturales en la que al final, al límite del tiempo y habiéndonos mordido la lengua con algunas paradas, en la Pantaneta señalamos algunos puntos básicos de la importancia de los humedales y sus habitantes. Esperamos que en el futuro podamos organizar una actividad más detallada para conocer estos otros imprescindibles e importantes espacios de nuestro patrimonio.
Y ahora, recién estrenada la primavera, como los caracoles, ¡salid a patear y conocer!, si es con nosotros, en Ecodías, estaremos encantados de compartir con vosotros otra jornada.






















