Que no lleve a engaño este título, porque “el agua”, fue el más que evidente protagonista en la actividad realizada el pasado sábado 31 de enero en ECODÍAS, que con la visita urbana “El agua del Albayzín”, retoma, debido a alguna cancelación anterior, la actividad en este año 2026.
Tras unos cuantos días de aguas cayendo, tuvimos la suerte de aprovechar la pequeña ventana de mejor tiempo y realizar esta visita sin la incidencia que la misma, el agua, podría provocar. Así que, animados por esta oportunidad, un buen número de asistentes nos adentramos por el entorno del Albayzín a la búsqueda de los restos patrimoniales vinculados con el agua.
Antes de nada, queremos mostrar nuestros agradecimiento a todos los usuarios de ECODÍAS, que no dejan de sorprendernos, especialmente en las visitas urbanas, al agotar en apenas unas horas todas las plazas disponibles de las distintas actuaciones. Esperamos que todos aquellos que os quedasteis sin poder participar, en el futuro, tengáis la oportunidad.
Nuestro tranquilo paseo entorno al Darro y la subida hasta San Cristóbal, nos llevó a conocer algunos de esos múltiples rincones de nuestra ciudad, que estando ahí, muchas veces, con las prisas del día a día, pasan desapercibidos. Pequeños restos patrimoniales que, sin embargo, son testimonio de los múltiples usos e importancia que tiene el agua en la vida de los pueblos, tanto de épocas remotas, como en la actualidad. Y prueba de que una buena gestión del agua, con la construcción de elementos realmente útiles para la sociedad, son vitales para el crecimiento y desarrollo de una sociedad más próspera, cohesionada e igualitaria.
Animados con la posibilidad de ganarse un “sugus” por atender y dar respuesta a algunas preguntas de Pedro, el guía de la jornada, o participar en algún teatrillo callejero, fuimos conociendo algunos elementos vinculados por el agua. Algunos más conocidos, como puede ser el baño árabe del Bañuelo, o algunos de los múltiples aljibes que salpican el Albayzín; otros más desapercibidos, como pequeños restos de industrias que necesitaban el agua para mover la maquinaria o el lugar donde finaliza la “no tan apreciada” acequia de Aynadamar, sin la cual Granada nunca podrían haber florecido.
En esta noticia de hoy vamos a centrarnos en otro aspecto importante de la cultura, el conocimiento más intangible, el más popular, y como ejemplo, dos detalles de la jornada.
Por un lado, la cantidad de oficios necesarios para llevar el agua a nuestras casas o calles, que no es tan fácil la cosa como abrir un grifo y hacerse la magia. Conocimos e interpretamos la leyenda de la aparición del aguador granadino y luego, escuchamos la popular canción del Agua del Avellano como reivindicación del oficio y transmisión oral.
Por otro, conocimos a uno de los duendes más singulares de Granada, el duende Martinico, ser mitológico de nuestra ciudad, hoy apenas conocido por las personas de más edad, que con una buena vara de avellano se encargaba de “mantener en condiciones” el buen funcionamiento y uso de nuestras acequias, aljibes, etc., por lo que si hacía falta, y por poner un ejemplo, asustaba a los chaveas que jugueteaban en las aguas, no sea que fuesen a producir un destrozo en la salud de los vecinos. ¡El hombre del saco o el Lute eran unos aficionados!.
Dentro de poco, más propuestas, esperamos volver a vernos.














